domingo, 15 de agosto de 2010

Ojo de pájaro: tópicos del Renacimiento (viernes 13)

Fue una estupenda clase, dinámica y con un ritmo alto de información (los Ricardos, ¡pobres!, se miraban atónitos). Le dimos un repaso de volada al contexto histórico y cultural de los Siglos de Oro (sobre todo al s XVI). Y lo hicimos de la mano de una lista de "pistas" clave de la época.
La imprenta, inventada por Gutenberg en el 1440 (y que llegó a España en 1472) es uno de los pistoletazos de salida del Renacimiento, cuyos studia humanitatis, pasión filológica y difusión de la cultura (como bien apuntó Alejandra), nunca hubieran podido suceder a ese ritmo. La imprenta también explica la rápida expansión de las nuevas iglesias antivaticanas, como el Luteranismo o el Calvinismo, y el miedo de la Iglesia Católica a que las herejías se volvieran pandemia en su propio seno.

Explica también, por tanto, el nuevo control que se ejercerá en el campo intelectual. Osea, el Santo Oficio de la Inquisición, que en España fue fundada en 1476 por los Reyes Católicos. ¡4 años después de la llegada de la imprenta! ¿Casualidad? Al hablar de la Inquisición insistí en la peculiaridad del caso de España. Ya otros países, incluso varios siglos atrás, habían aplicado y aplicaban tribunales inquisitoriales contra la heregía cátara en el Languedoc francés o la caza de brujas en Flandes. Pero en España los "terroristas" espirituales con los que estaba obsesionada la Iglesia y el Estado (que tanto monta) eran los cristianos nuevos, osea, los judíos (y en menor medida también los moros) que se habían bautizado en el cristianismo después del decreto de expulsión (1492). La Iglesia (y sus cristianos "viejos") sospechaban que su conversión era una farsa y que, en el secreto de la familia o la secta, seguían cultivando su fe extranjera. Como segundo "diablo" o terror de la época estaba la expansión del luteranismo. Y es que el s. XVI (Lutero colgó sus 95 tesis contra las bulas en 1517) es una de las épocas mundiales de una religiosidad más revolucionaria, un intenso "movimiento hippy" (ja, ja) del cristianismo.

Quién lo iba a decir, ¿verdad? El siglo conocido como la cuna de la ciencia (Copérnico, Galileo), el espíritu experimental (Da Vinci), el racionalismo (Montaigne) es también un siglo "obsesivo-compulsivo" de la religión. No olvidemos que es a mediados del XVI cuando las profecías de Nostradamus se vuelven un chisme clandestino internacional.

Pero la realidad es aún más compleja, pues el poder creciente de la iglesia sobre los destinos humanos también estaba acompañado del "empoderamiento" de la Monarquía. El Rey Carlos I fue, de hecho, el emblema de ese modelo político moderno, donde los antiguos reinos medievales ya no tenían ciertos derechos de autonomía y debían rendir tributos a la Corona central. Absorvió, de hecho, bajo su reinado a la anterior Corona de Castilla, la Corona de Aragón, El Reino de Nápoles, Granada, Navarra, el Ducado de Borgoña, la Austria y el Tirol de los Habsburgo y la Soberanía de los Países Bajos (Flandes y Amberes). ¡Guauuuuuu! Imagínense: todos esos "países" tenían antes del Emperador Carlos I fronteras y gobiernos distintos. Como diría un amigo mío (Juan Priante) junto con Orwell: Bienvenidos al proceso de la centralización mundial del poder. El colmo del descaro de este nuevo absolutismo (que culminaría, como ustedes apuntaron, en el "Rey Sol" Luis s. XVI) fue su respaldo al saqueo del Vaticano (el "Saco de Roma"), cuando las tropas imperiales entraron en la Ciudad Santa, arrasando con todo, en busca del Papa. Imagínense en nuestros días soldados de la OTAN entrando en la Basílica de San Pedro para capturar a Benedicto XVI. Bien, pues algo así sucedió entonces. Fue el gran escándalo ético de la época, junto con las denuncias de las masacres de la conquista de Las Indias (como las que San Bartolomé de Las Casas planteó en la famosa Junta de Valladolid, donde se decreta, en la práctica, el fin de las guerras de conquista y el inicio de la colonización de América).

Y es que en ocasiones la ética de cada época es diferente. Como bien ustedes apuntaron, en aquellos siglos un Papa podía ser papá, además de haber ascendido a ese honor por el simple hecho de ser el hijo de un Médici. Otra diferencia ética fue la resuelta por la burguesía creciente y la aristocracia de linaje medieval. En España la mentalidad aristocrática ganó el partido por goleada, y los nuevos comerciantes enriquecidos en la compra-venta de los tesoros y productos de América fueron cambiando su ímpetu capitalista por el prestigio, honor y poder local ("cacicazgo") que adquirían con la compra de títulos nobiliarios. Trabajar era considera cosa "naca" y como de campesinos. En cambio la Corte, alrededor del palacio del Rey, admiraba el linaje, la cortesía, el patrimonio de la tierra. Es decir, las actividades improductivas. Así nos fue como nos fue en la era capitalista.

Hablamos también del Descubrimiento de América, como una de las noticias más impactantes de la historia mundial y a la que se llegó en busca de especias (que en la época eran claves para la conservación de los alimentos a falta de "refris"). Por cierto, Andrew me confesó después de clase que estuvo a punto de llamarlos "preservativos". ¿Qué chistoso, no? El bueno de Andrew apenas llega a México...¡y a punto está de echarnos su primer albur! (ja, ja). América, un inmenso continente lleno de profundas y diversas culturas, fue arrasado con la ayuda de los arcabuces y su tesoro sirvió, como bien explica Eduardo Galeano (Las venas abiertas de Latinoamerica), para financiar el capitalismo europeo (la industria textil de Flandes, la banca de Génova y Venecia).

En fin, que fue una clase densa de información, una especie de "mole" intelectual... ummm, y como me entró hambre, les dejo. La próxima sesión del miércoles vamos a disfrutar de otra zambullida aún más profunda en el Renacimiento español. Una apasionante época llena, como veremos, de contradicciones.

4 comentarios:

  1. Ilústrenme si me equivoco, pero las juntas de Vallalodid, hasta donde sé, discutían el derecho que tenían los españoles de colonizar y mantener las encomiendas -no el dejar de conquistar y empezar a colonizar-, y lo que proponía de Las Casas, aparte de denunciar la gran masacre de la conquista, era que los españoles dejaran al pueblo mexica reorganizarse y no depender de España. Dado que lo que la incipiente colonización, es decir los encomenderos, hacían era torturar inhumanamente a los indígenas a su cargo.
    Alejandra Castillo

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  2. Alejandra tiene toda la razón del mundo cuando afirma que en el concilio de Valladolid (1950)la discusión versó sobre la legitimidad de la explotación encomendera. Casas, de un lado, argumentó que los indígenas eran igualmente hijos de Dios y que merecían un trato digno. Su rival ideológico, Juan Ginés de Sepúlveda, se sacó de la manga una ristra de citas de Aristóteles para defender el derecho a tratar a los indios como esclavos. El concilio, por cierto, se disolvió sin una conclusión clara.

    Lo que quise decir es que esa junta supuso un parteaguas en las prácticas de conquista llevadas a cabo hasta entonces, donde el genocidio estaba "por default" legitimado. El debate sirvió para hacer públicos los abusos cometidos y, con ello, frenar la financiación oficial de nuevas campañas militares. Fue clave, por tanto, en la institucionalización de la "ocupación" y, en ese sentido, en el asentamiento de las bases jurídicas del proceso de colonización.

    Por desgracia, esas legislaciones no fueron muchas veces respetadas o fueron usadas para seguir legitimando los abusos. Pero, en cualquier caso, parece haber un antes y un después de ese concilio en la toma de conciencia del mal que se estaba haciendo. Ojo, no pretendo justificar la ignorancia ni la codicia de aquellos hombres. Fue un genocidio brutal y precisamente el concilio sirvió para que al menos se supieran las atrocidades cometidas.
    Sergio Reyes

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  3. No puedo dejar de expresar la contrariedad que me ha producido leer este blog. Uno navega, como se dice ahora, por la internet y se encuentra una página sobre el siglo de oro. Bien. Pero entonces uno empieza a leer y se topa con el "miedo" de la iglesia católica, las loas a Bartolomé de las Casas y las típicas ironías sutiles que desde hace mucho vienen perfilando el sentimiento antihispánico, ese terrible sentimiento contra la gran España que, dígase lo que se diga, dio lengua y cultura a vastos territorios. La leyenda negra, pues. Supongo que el autor de este blog es uno más de los hispanoamericanos que no se dan cuenta que en su gentilicio está justamente el prefijo "hispano". Ya me dirá.

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  4. Gracias, antes que nada, por la atención concedida a nuestro blog. Nos sentimos honrados y, además, su participación tuvo la virtud de suscitar un valioso debate en clase.

    Comparto con usted el cansancio de la "leyenda negra", y la visión monolítica de la conquista que se empecina en ver sólo sus elementos negativos.

    Agrego, además, que en México está muy extendido un discurso patriótico que considera la herencia española como algo externo al país, ignorando que Hernán Cortés es su abuelo cultural y que de él hereraron, entre otras cosas, la lengua en la que hablan, piensan y sufren.

    Donde discrepo fuertemente es en su afirmación rotunda de que España "dio lengua y cultura" a estos territorios. Tal y como está expresada parece sugerir que estos territorios carecían de lenguas y culturas o las tenían en un grado de inferior desarrollo al español. En realidad aquí, antes de Colón, había miles de culturas distintas, con unos conocimientos astronómicos, por ejemplo, o de medicina natural, más sofisticados que los que Europa usaba y con un modelo de vida sustentable, éticamente y en muchos sentidos más digno de admiración a mis ojos que el europeo.

    Su frase también induce a ignorar lo que Europa recibió de América. Para empezar, según Galeano, el capitalismo europeo no se habría producido sin el oro, la plata y la comercialización de las mercancías de "Las Indias". Y sin ir más lejos, y dado que mencionas lo español, la tortilla de patata, emblema gastronómico patrio, sería inimaginable sin las americanas "papas".

    Una de las alumnas (Andrea?) mencionó que ese proceso histórico podía ser considerado un intercambio. Sí, tiene razón, pero hay que recordar que ese intercambio cultural estaba mediado por una relación de poder. Fue impuesto por las armas. La Inquisición y el genocidio llevado a cabo en muchos casos son sucesos históricos incuestionables, de magnitud equiparable al genocidio antisemita de los nazis o a los gulags del comunismo soviético. Fue un crimen contra los derechos de la Humanidad. Y con su política imperialista y encomendera España perdió, así lo veo, una inmensa oportunidad de enriquecerse (¡eso sí hubiera sido riqueza!) de la sabiduría, las lenguas, el arte y las culturas americanas. Porque España entendió ese encuentro como violación cultural más que como intercambio. De haberlo visto así, el mundo, tal y como hoy lo conocemos, supongo que habría sido sustancialmente mejor.

    Por cierto, le aseguro que soy español. De Madrid. Y amo la Plaza Mayor, uno de los símbolos más claros de la política imperial de los Habsburgo y, casualmente también, uno de los espacios donde más he disfrutado de esa luz seca y brillante del hermoso cielo castellano.

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